Érase una vez un miércoles por la mañana cuando, tras abrir las páginas (web) de un diario mundial volteé la cara hacia la ventana y mirando el gris paisaje murmuré: 'oh my god, el minimalista ataca de nuevo'. Y desde una lejanía espaciotemporal llegó el recuerdo del sonido de una cocina, el 'tam-tam' con el cual tantas manos de Venezuela hacían retumbar las arepas para saber si se estaban cociendo bien.
Hace poco encontré, al fin, un ejemplar de las aventuras de Shizuku como catador, tituladas “Las gotas de dios” (Kami no Shizuku). Estaba seducido por la idea de que un personaje de cómic estuviera generando tanto revuelo y fuera considerado como parte de un gremio cuyos integrantes parecen tener mucho aprecio por su tangibilidad.
Se mira y no se toca: estas pueden ser las galletas más caras de la historia. Además son de amaranto, que casi nadie consume. Con nueces. Y quizás sean las más viejas disponibles en el hipermercado global, pues fueron horneadas en 1985. Pero tienen otra virtud: estuvieron en el mismísimo espacio exterior, allá en la órbita de nuestro pequeño planeta. Como curiosidad gastronómica, no se puede ir más lejos. Por el momento.
Todos los excesos son permitidos cuando hay un recuerdo poético, sospechosamente romántico. Porque la verdad es que nadie sabe, a ciencia cierta, donde se oculta ese mejor martini seco del mundo. Detalle que sirve como evidencia para un hecho absolutamente irreal: no importa la calidad del cóctel, sino el estado del alma de quien lo bebe. Y este misterio, es menos estúpido de lo que parece.
Todo parece indicar que las revistas de moda y las secciones de vida moderna describirán cada vez con más frecuencia las vicisitudes del hombre gastrosexual. Era el estereotipo que faltaba, en estos tiempos modernos en los cuales la cocina nos seduce tanto. Ojalá no nos empalaguemos.
El chile con carne es una de esas preparaciones 'de autor'. Permite la improvisación, y puede tener consecuencias inesperadas. Esta al alcance la la mayoría de las personas. Es un guiso misterioso y denso, picante en su versión original, si es que eso existe. Platillo emblemático de EE.UU., donde por supuesto hay exploradores de sus fronteras más recónditas: ¿sabe bien la carne molida cocinada con naranjada, espolvoreada con Doritos?
El diario contenía una receta de pulpo a la gallega de un personaje conocido como “El minimalista”, quien se ha entregado a la cruzada de demostrar lo simple que es cocinar. En este caso, parecía decir: es simple, aunque sea algo tan asqueroso para ustedes como un pulpo. Pero eso no era todo, pues al lado había otra nota, de un columnista conocido como “El cocinero curioso”, quien buscaba descubrir, científicamente, como ablandar un pulpo. Es decir, para develar los misterios, que es como terminar con la magia.
No sé por qué hago esto. Los blogs en estos días pueden armarse en unos pocos minutos, lo difícil es mantenerlos. En todo caso ahora cometo la irracionalidad de iniciar otro blog más. Y comienzo por este principio, para recordarme que este era un proyecto de escritura mil veces postergado, uno que ahora ha perdido un poco de definición pero tal vez la recupere, y que de lo contrario correrá el mismo desatino de autosuicidarse en la desactualización y la paralización, tan frecuentes en nuestro cibermundo.
Tal vez resulte evidente, pero en cocina soy un amateur aficionado. Desde los tiempos en que la abuela Berta me proponía ayudarla mientras contaba de sus menjunjes. Como gastronauta defiendo la diversidad, tropiezo con los fuegos de artificio. Tengo poca paciencia para la sofisticación y las modas. Recetas no, preparaciones si. Los mercados me encantan. Y los utensilios también. Los ingredientes, la historia, los secretos. Culinaria, restauración. Geopolítica, alimentos, y alimentación de los pueblos. Literatura y arte. No combino los vinos según y como. Adoro la vida en la cocina como sede del fuego, del hogar (aunque no sea la mía).
En los últimos tiempos está de moda vapulear a los humanos. Algunos dicen que el planeta estaría mejor sin nosotros. Depredamos, matamos. Estamos en celo todo el año y tenemos sexo por placer. Talamos, fabricamos máquinas infernales, especulamos, producimos toneladas de desechos incluyendo los propios. En fin, la lista es infinita. Y eso que ni siquiera había mencionado el cambio climático. Además somos demasiados, y algunos comemos demasiado. Otros muchos pasan hambre. Por si fuera poco: en general…¡omnívoros! Por cierto, los humanos cocinan. ¿Desde cuando? Pues desde el principio, creo.
Luis Córdova, una tarde limeña
(Nota: en las primeras publicaciones rescataré algunos artículos perdidos por allí, por si se notan duplicaciones. Este sitio tendrá un espejo en http://raramente.bligoo.com/)
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